En estos días en los que vivimos a la expectativa del cierre o apertura del Estrecho de Ormuz, que afecta a nuestro bolsillo y al futuro y presente de miles de vidas humanas, los que más y los menos buscan en Internet dónde está ese bendito estrecho. Entonces, habrás notado que si bien dice "Ormuz" en español, tiene un hacha en inglés.
Este mínimo detalle no es puramente una cuestión de ortografía, sino que está ligado a cientos de años de historia, toponimia y estudios lingüísticos, por lo que vale la pena profundizar un poco más en la historia y la lingüística para entender por qué.
Origen Farsi o Perdido
Su nombre original es persa o farsi, حرمز (Hormoz), y se utilizaba principalmente para nombrar a una isla y a todo un reino situado en el Golfo Pérsico. El Reino de Ormuz fue creado por príncipes árabes alrededor del siglo X, posteriormente quedó bajo el dominio de Persia, y a principios del siglo XVI los portugueses tomaron el lugar y lo mantuvieron hasta 1622. Ese año, ya bajo la soberanía del rey español Felipe IV, los persas -apoyados por los ingleses y controlando todo el reino- recuperaron el reino.

Mapa de Ormuz del siglo XVI, de la obra Civitates Orbis Terrarum, un atlas con mapas i dibujos de 546 ciudades editado por Georg Braun y Frans Hogenberg. Braun de Hogenberg. Estados del mundo, 1572, CC BI
A lo largo de ese periodo las noticias que llegaban a la Península desde esta zona del mundo eran traídas por los lusitanos y castellanos que integraban la Monarquía española (1580-1640). En los mapas y escritos de la época se utilizaba con mayor frecuencia la forma sin hacha "Ormuz", y desde entonces ha sido tradición utilizar esta forma en español, portugués, catalán o francés, aunque en estos dos últimos idiomas también se acepta como apropiada la grafía Hormuz.
Sin embargo, en las lenguas germánicas, inglés, alemán, sueco, noruego, holandés, etc., se recomienda la forma de hacha. Aunque es habitual encontrarlo escrito sin esa letra en mapas antiguos ingleses.

Detalle de un mapa de Persia de 1892 que muestra el topónimo sin el hacha. Jorge Courzón. Real Sociedad Geográfica (con el Instituto de Geógrafos Británicos), CC BI
En el Diccionario Panhispánico de Dudas, parece que este topónimo debería usarse en español panhispánico:
"La forma tradicional española del nombre de este estrecho situado en el Golfo Pérsico. La grafía 'Ormuz', utilizada en otros idiomas como el inglés, no debe usarse en español."
Topónimos: más que palabras
Los nombres que identifican territorios son palabras cargadas de información extralingüística. El establecimiento de normas sobre el uso de estos topónimos es necesario debido a la cambiante realidad geopolítica, la influencia de los medios de comunicación y la globalización.
Sus constantes cambios dificultarían mucho la comunicación, por lo que las Academias de la Lengua Española (ASALE, formada por 23 corporaciones de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial) establecen criterios para la españolización de los topónimos que no están escritos en español, con su traducción y adaptación, de acuerdo con las normas ortográficas de nuestra lengua.
Por ejemplo, se recomienda utilizar nombres españoles como Ciudad del Cabo (en lugar de Ciudad del Cabo) o Nueva York (en lugar de Nueva York). Por otro lado, se aceptan algunas grafías que no han sido adaptadas pero que aún se utilizan (Washington, Copenhague). Se reconocen los cambios oficiales, sin abandonar las formas tradicionales, si existen, que siempre prevalecerán (Calcuta, no Calcuta, Moldavia, no Moldavia).
Si hay un cambio de nombre real, y no una retoma de las formas locales del nombre, es decir, si el cambio de nombre no es simplemente una amplificación del mismo término con una ortografía vernácula, se recomienda el uso de un nuevo topónimo (Burkina Faso, que reemplaza al antiguo Alto Volta, Sri Lanka en lugar de Ceilán).
¿Qué pasó con Ormuz?
Ormuz, como palabra tradicional y de uso plenamente establecido debido a la preferencia del hablante, está incluida en el primer criterio y no debe cambiar su ortografía histórica, que no tiene hacha.
Esta letra representó originalmente un fonema aspirado en la lengua latina, que pronto desapareció, aunque en nuestro sistema ortográfico permaneció insonoro, a excepción de la aspiración en ciertos sonidos de origen extranjero, como el hámster o el dirham, que se registra como rasgo dialectal en determinadas zonas españolas y americanas.
Curiosamente, aunque durante los siglos XVI y XVII su grafía siempre fue sin hacha, Ormush alternaba con Ormuz. Durante estos siglos la ortografía aún no estaba fijada. Esto fue posteriormente reglamentado, aceptándose únicamente la forma actual.

Portada del Informe de Nunja Álvarez sobre la batalla de las armadas holandesa e inglesa en el estrecho de Ormuz en 1626. Archivos Históricos Nacionales. Palabras de origen persa
Hay otras palabras de origen persa bien establecidas en español que han tenido historias diferentes. Algunos son conocidos desde la antigüedad, habiendo sido introducidos a través del árabe ("alfajor", "alcuecuenje", "auge", "bazar", "diván", "espinaca"), o de otras lenguas que lo tomaron del persa (por ejemplo, "farsi" y "piama", que llegaron al español del inglés, que los tomó del persa; o "lila", del francés).
En el tránsito de algunas de estas palabras desde su origen hasta su llegada al español, el persa fue en ocasiones intermediario: por ejemplo, "naranja" proviene del árabe español narang, y éste del árabe, que lo tomó del persa, que a su vez lo tomó del sánscrito.
Otros términos persas se han popularizado en los últimos años, desde mediados del siglo XX, y se han ido incluyendo progresivamente en los diccionarios. Algunos ejemplos son "Ayatolá", una de las máximas autoridades religiosas del Islam chiita, y "Shah", el rey de Persia o Irán, añadido al diccionario español en 1992. La palabra "chador" (velo utilizado por las mujeres musulmanas para cubrir la cabeza y parte del rostro) se añadió en 2001.
Condiciones persas actuales
Al igual que ocurre con Ormuz, la actualidad nos obliga a hablar de otros topónimos persas. Muchos de ellos ya eran conocidos y tenían formas tradicionales, como "Isfahan", históricamente conocido como "Isphan", pero que en los medios parece más parecido a la pronunciación persa de Isfahan (Esfahan). En este caso se sustituye la forma tradicional española por la primera, ambas con la aspiración etimológica de h. En cambio, en otro topónimo persa, "Teherán", no nos esforzamos por conseguirlo.
Como podemos ver, la evolución de los topónimos extranjeros depende de la existencia de una tradición creada por el uso continuo de una determinada forma en los textos. En el caso de Ormuz, los portugueses iniciaron la costumbre de escribir topónimos sin hacha y continuó durante siglos en lengua española, de ahí su preferencia. En otros casos en los que no existe esa forma tradicional establecida, la aceptación de los topónimos depende en mayor medida de situaciones históricas y políticas.
La h del término persa Hormoz no ha sido adoptada en mapas o textos desde el siglo XVI hasta la actualidad, ya que ha sido incorporada a Teherán o Ispahán, aunque una se pronuncia aspirada y la otra no. A pesar de las excepciones, las reglas ortográficas de los topónimos en el siglo XXI son claras y es importante utilizarlas correctamente para la cohesión del español panhispánico.
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